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CIRUGÍA LAPAROSCÓPICA
EN PACIENTES CON CIRUGÍA ABDOMINAL PREVIA
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Palabras claves: cirugía
laparoscópica, cirugía abdominal previa
La aplicación de técnicas laparoscópicas
a los procedimientos quirúrgicos generales ha revolucionado el campo de la
cirugía general. Puesto que la primer colecistectomía laparoscópica fue
realizado hace 10 años, técnicas mínimamente invasivas se han aplicado a un número
creciente y variado de procedimientos quirúrgicos.
Al principio, se determinaron varias
contraindicaciones absolutas al procedimiento, como el embarazo, la cirugía
abdominal anterior, incapacidad para tolerar el incremento de la presión
abdominal, obstrucción intestinal, coagulopatías, obesidad, cirrosis,
incapacidad para tolerar anestesia general, coledocolitiasis, y colecistitis
aguda. Cuando los cirujanos ganaron más experiencia con técnicas laparoscópicas
y se realizaron adelantos técnicos en la instrumentación, estas limitaciones
fueron reevaluadas; muchas se volvieron contraindicaciones sólo relativas.
Algunas ya no son consideradas contraindicaciones absolutas porque, en estas
situaciones, la planificación apropiada, la evaluación del especialista, y la
técnica quirúrgica meticulosa pueden prevenir complicaciones, permitiéndoles
a los pacientes experimentar los beneficios de la cirugía mínimamente invasiva.
En una serie de Avances se tratarán
tres situaciones específicas que fueron consideradas alguna vez como
contraindicaciones al procedimiento laparoscópico: (1) la cirugía abdominal
anterior, (2) la obesidad, y (3) el embarazo. La laparoscopia puede usarse en
forma segura en pacientes con estos problemas si se usan estrategias y tácticas
específicas para prevenir problemas potenciales.
Cirugía abdominal previa
Originalmente,
se recomendaron que los pacientes con cirugía abdominal anterior no sean
sometidos a procedimientos laparoscópicos debido al riesgo aumentado de
producir lesión penetrante del intestino por la inserción de una aguja o
trocar a través de intestino adherido a la pared abdominal. También, la
adhesiolisis laparoscópica realizada para ganar exposición adecuada al campo
quirúrgico fue temida por requerir más tiempo y ser potencialmente más
peligroso que la adhesiolisis abierta. Además, por presentar una visión
restringida del campo quirúrgico, llevaron a muchos cirujanos, con escasa
experiencia quirúrgica laparoscópica, a no ofrecerles colecistectomía
laparoscópica a los pacientes con enfermedad del tracto biliar y cirugía
abdominal previa.
Del
30 al 50% de los pacientes que se presentan para colecistectomía tienen
operaciones previas. La cirugía abdominal anterior no puede tener impacto en un
procedimiento laparoscópico planeado. La formación y magnitud de adherencias
son imprevisibles. La cirugía anterior es claramente un factor de riesgo para
la formación de adherencias. Estudios en autopsias han encontrado adherencias
en 75% a 90% de pacientes con cirugía abdominal anterior, típicamente
localizadas en el sitio quirúrgico anterior pero a menudo otras áreas se
encuentran involucradas. Estos estudios también demostraron adherencias en 25%
de pacientes sin cirugía anterior. En estudios clínicos, el 60% de los
pacientes con cirugía abdominal anterior que sufren colecistectomía laparoscópica
requirieron adhesiolisis, el 10% de los pacientes sin cirugía abdominal
anterior tenían adherencias en áreas de riesgo para la lesión, y un tercio de
los pacientes con cirugía abdominal anterior no tenían ninguna adherencia.
Los
pacientes con cirugía abdominal anterior presentan dos problemas específicos:
(1) obtener un acceso seguro a la cavidad abdominal para comenzar el
neumoperitoneo, y (2) realizar una adhesiolisis segura para ganar exposición
adecuada al campo quirúrgico. La interferencia con el acceso depende
fuertemente de la localización de la cirugía anterior. Las adherencias pueden
localizarse justo debajo de una cicatriz o pueden ser más extensas y alejadas.
Algunos investigadores han recomendado realizar estudios ecográficos prequirúrgicos
para detectar adherencias y ayudar a determinar un sitio seguro para la inserción
del trocar. El acceso inicial a la cavidad abdominal normalmente está en el
ombligo a ciegas (ej., aguja de Veress) o abierta con punta roma (ej., trocar de
Hasson). Claramente, una incisión en la línea media presenta un riesgo alto
para adherencias intestinales bajo un sitio umbilical planeado para colocar el
trocar; sin embargo, incluso las cicatrices lejos del ombligo puede llevar a
producir adherencias al sitio umbilical. La técnica de acceso a ciegas (es
decir, inserción de aguja de Veress seguida por la inserción del trocar) ha
producido una proporción alta de complicaciones, incluso en pacientes sin las
cicatrices quirúrgicas abdominales.
La
mayoría de las lesiones vasculares son asociados con una técnica de inserción
a ciegas del primer puerto, y más de la mitad de todas las lesiones
intestinales se asocian con esta técnica. Los riesgos para producir una lesión
intestinal o vascular son aun más altos si la aguja o el trocar se colocan a
ciegas a través de una incisión anterior. Las alternativas más seguras
incluyen la colocación de la aguja en un sitio alejado de las cicatrices
anteriores, como el cuadrante superior derecho en pacientes con cirugía
pelviana. Un esfuerzo debe hacerse para colocar la aguja y el trocar inicial en
un sitio a ser usado para la cirugía, pero ocasionalmente el acceso debe estar
en un cuadrante remoto, como la región subcostal izquierda para la
colecistectomía laparoscópica. El sitio escogido debe estar lejos de las
cicatrices y debe evitar los vasos epigástricos inferiores. La colocación en
la línea hemiclavicular es más segura en los cuadrantes superiores. En el
abdomen inferior, los trocares se colocan mejor en forma lateral a los vasos
epigástricos pero suficientemente medial como para prevenir lesión colónica.
Otra
alternativa es el uso de una técnica abierta (Hasson) que permite la
identificación del intestino adherido y la disección del intestino de la pared
abdominal. Muchos cirujanos usan una técnica abierta, incluso en pacientes sin
cirugía abdominal anterior en forma rutinaria, debido a que disminuye el riesgo
de lesión visceral o vascular. Estas lesiones no son eliminadas completamente
por esta técnica, pero su prevalencia disminuye con su uso. Además de
disminuir la proporción de lesiones intestinales, la técnica abierta permite a
los cirujanos identificar rápidamente y reparar cualquier lesión que puede
ocurrir, así disminuye la morbilidad y mortalidad. Finalmente, no se han
reportados lesiones vasculares con la técnica de Hasson.
Pueden
usarse sitios alternativos para acceso con técnicas abiertas o a ciegas. Una
ventaja de colocar el primer puerto lejos del sitio de las cicatrices anteriores
es que se obtiene una mejor visión de la cavidad abdominal, ya que no es
disimulada por las adherencias. Esto permite una mejor valoración de la situación
de los puertos restantes. Además, los cirujanos tienen una distancia apropiada
de trabajo necesario para manipular los instrumentos.
Se
han desarrollado nuevos trocares ópticos, en que el laparoscopio se inserta a
través de una cánula transparente que permiten a los cirujanos ver las capas
del tejido cuando el trocar se inserta, y con ello identificar la pared
intestinal antes de insertar el trocar en el intestino. Los datos con respecto a
la seguridad, eficacia, y ventajas sobre esta técnica abierta todavía están
inconclusos.
Una
vez que un acceso seguro es obtenido, se debe obtener una visualización
adecuada del abdomen para insertar los puertos restantes y realizar la cirugía
planeada.
La
meta inicial del cauterio es la lisis suficiente de las adherencias para
permitir la inserción de una segunda cánula que ayuda a la visualización,
retracción, y disección. A veces tres trocares (una cámara y dos puertos
operando) se necesitan para realizar la adhesiolisis adecuada. La colocación de
puertos adicionales de aquellos que se usan comúnmente para el procedimiento
planeado pueden ser necesarios y deben colocarse sin vacilación. Estos puertos
pueden usarse para la retracción del tejido y permitir una mejor visualización
o ayudar a colocar las adherencias en tensión antes de lisarlas.
Un
laparoscopio angulado es sumamente útil para visualizar la magnitud de las
adherencias, realizar la adhesiolisis, y aumentar al máximo el acceso al campo
quirúrgico. La lisis de todas las adherencias visibles es innecesario. Sólo
las adherencias que interfieren con la colocación del trocar y con la realización
de la cirugía planeada deben disecarse. La adhesiolisis adicional sólo
prolonga el tiempo quirúrgico y aumenta los riesgos de la cirugía sin
beneficio.
Si
se producen complicaciones deben tratarse apropiadamente. Pueden controlarse con
suturas realizadas laparoscópicamente, o si existe preocupación sobre la
magnitud de la lesión o el tratamiento adecuado, la cirugía debe convertirse
en una laparotomía abierta.
Numerosos
estudios han intentado identificar factores de riesgo para la conversión. Estos
estudios no siempre han identificado a una cirugía abdominal anterior como un
riesgo. La mayoría de estos estudios usó técnicas de acceso abiertas
rutinariamente e indicaron que el uso de esta técnica disminuye el porcentaje
de conversión entre los pacientes con cirugía abdominal anterior.
Otros
estudios han demostrado que esa cirugía abdominal anterior, especialmente cirugía
abdominal superior, es un factor de riesgo para aumentar el porcentaje de
conversión.
La
cirugía abdominal anterior no es una contraindicación para intentar un
procedimiento laparoscópico. Deben advertirse pacientes de alto riesgo para
lesión intestinal, la posible necesidad de trocares adicionales, y el riesgo
aumentado para la conversión. La planificación prequirúrgica es importante
para minimizar riesgos y aumentar al máximo la realización exitosa de la cirugía
planeada. La preparación adecuada incluye la evaluación de la relación geográfica
entre la cirugía propuesta y la cicatriz abdominal y realizar una entrada
inicial a una distancia de las cicatrices obvias, y el uso de la técnica
abierta para el acceso y la adhesiolisis cuidadosa.
Dr.
Guillermo Firman
21-SEP-2002
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