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HIPERTENSIÓN ARTERIAL:
EL ASESINO SILENCIOSO
(Educación para Pacientes)
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La hipertensión arterial sistémica o
presión alta se trata de un aumento anormal de la presión de la sangre en
la gran circulación. La presión máxima se denomina presión sistólica, y la
presión mínima se denomina presión diastólica. El aumento de la presión
puede afectar a la presión máxima, a la presión mínima o a ambas, y estos
aumentos pueden ser breves o transitorios, prolongados o permanentes sin
tendencia a progresar, o incrementándose poco a poco y muy gradualmente.
La tensión arterial sistémica es la
presión de la sangre en el interior de las arterias, y es una de las
tantas variables fisiológicas del organismo, con un complejo sistema
regulador, verdaderos circuitos anexos independientes interconectados,
generando efectos positivos o presores y otros negativos o depresores.
El sistema motor comprende el corazón
izquierdo, y la presión resulta de la cantidad de sangre que bombea el
corazón por minuto y la resistencia al paso de la misma, igual que en una
manguera donde circula agua, si tapamos el extremo libre o abrimos más la
canilla la presión aumenta, en cambio si destapamos el extremo parcial o
totalmente, o cerramos parcialmente la canilla, la presión disminuye.
Por lo tanto, en condiciones de reposo o
basales, el corazón bombea de 5 a 8 litros de sangre por minuto y la
presión es de 120/80 mmHg. Pero la presión arterial varía todo el tiempo
según las necesidades del organismo. Entonces, si por una simple actividad
física o emoción que requiera mayor cantidad de oxígeno o nutrientes en un
determinado órgano del cuerpo, y se duplica la cantidad de sangre bombeada
por el corazón, la presión aumenta pero no al doble, porque la acción de
los mecanismos reguladores dilatan las arterias y arteriolas (vasodilatación)
del órgano que requiere más oxígeno y nutrientes, bajando con ello la
resistencia al paso de la sangre. Por ejemplo, si pasamos del reposo a un
estrés emocional o a una actividad física como correr, el corazón bombea
mayor cantidad de sangre y el sistema regulador dilata las arterias de los
músculos utilizados para realizar la acción, produciendo un incremento
temporal de la presión arterial, leve a moderado, que se normaliza cuando
el sujeto vuelve al estado de reposo. Debido a estas variaciones, los
médicos no pueden diagnosticar a una persona hipertensión arterial a no
ser que las medidas de presión sean altas consistentemente.
El mecanismo regulador es de índole
nervioso y por medio de la liberación de sustancias (humoral). Por lo
general, el primero en actuar por sus respuestas instantáneas es el
sistema nervioso, con estímulos positivos cerebrales por temperamento
agresivo reprimido o emociones, o negativos por sueño y estados psíquicos
depresivos. La parte reguladora humoral se genera en los riñones con la
liberación de sustancias como renina o angiotensina que producen retención
de sodio, y también las glándulas suprarrenales que producen mayor
liberación de adrenalina, noradrenalina y aldosterona.
El funcionamiento armónico de todo este
complejo mecanismo es necesario para mantener la presión arterial en
valores normales y poder responder adecuadamente a las demandas del
organismo ante la realización de una actividad física o emoción.
La hipertensión o presión arterial alta es
una condición muy común que afecta a 1 de 4 adultos, aparece generalmente
después de los 35 años de edad, sobre todo cuando existe el antecedente
familiar de que uno o ambos padres presentan aumento de la presión. En la
mayoría de los casos, no se conocen las causas exactas de la hipertensión.
Sin embargo, las personas que fuman, que presentan sobrepeso, que ingieren
comidas con mucha sal y grasa, que toman mucho alcohol, que tienen mucho
estrés o que no hacen ejercicio o actividad física (sedentarismo) tienen
mayores probabilidades de desarrollar hipertensión, al igual que las
personas que tienen alto el colesterol, que tienen enfermedades del
corazón o de los riñones. Aunque algunas personas tienen mayores riesgos
de desarrollar hipertensión, cualquier persona a cualquier edad puede
desarrollar hipertensión.
En el comienzo de la enfermedad, y por un
tiempo variable para cada caso, se la detecta o reconoce en un examen
médico general por diversas causas, ya que no da síntomas, hasta la
producción de consecuencias severas por el desarrollo de alteraciones en
las arterias (arteriopatías) y alteraciones en órganos internos
consecutivas, pues la tan mencionada cefalea nocturna, se debe por lo
general a una osteoartrosis cervical o a una jaqueca previa, ésta última
por subsistir y hasta exagerarse debido a la hipertensión, en lugar de
desaparecer con el avance de la edad.
Si no es tratada, luego de varios años, la
hipertensión puede dañar los vasos sanguíneos de todo el cuerpo. Puede
hacer que los vasos sanguíneos se agranden y se debiliten. Esto puede
llevar a un agrandamiento de los vasos sanguíneos llamado “aneurisma”. Los
aneurismas pueden sangrar y causar la muerte, especialmente si están
localizados en los vasos sanguíneos del cerebro o en la aorta, que es la
arteria más grande del cuerpo. Con el tiempo, otros vasos sanguíneos se
vuelven más estrechos por la acumulación en su interior de colesterol, o
sea, disminuye el calibre o la luz interior de las arterias. Los vasos
sanguíneos estrechos dificultan y a veces bloquean o tapan el flujo de
sangre. Cuando el flujo de sangre se para, los órganos que dependen de
éste se pueden dañar o morir.
El bloqueo de las arterias del cerebro
puede llevar a un ataque de apoplejía, que causa parálisis de la mitad del
cuerpo (hemiplejía), problemas para hablar y la muerte.
El bloqueo de los vasos de os riñones
puede llevar a que estos fallen (insuficiencia renal) y que no puedan
limpiar la sangre de los desechos que genera el organismo día a día. Esto
puede causar la muerte si la persona no se conecta a una máquina especial
por varias horas de 3 a 5 veces a la semana para purificar la sangre, y se
denomina hemodiálisis y es conocido comúnmente como “riñón artificial”.
El bloqueo de los vasos sanguíneos en los
ojos puede llevar a problemas en la visión y ceguera
El bloqueo de una arteria del corazón
puede causar un ataque cardíaco donde la porción del músculo cardíaco que
depende de esta arteria se puede morir, esto se denomina infarto agudo de
miocardio y produce debilitamiento del corazón, que en ocasiones puede
causar la muerte. También puede agotarse de bombear sangre a presiones muy
elevadas y producir insuficiencia cardiaca, que puede causar problemas
respiratorios y en ocasiones también la muerte.
Todas estas complicaciones son más
frecuentes y severas en personas que padecen otras enfermedades como
diabetes, colesterol alto o previos ataques del corazón.
Por todo esto, a la hipertensión arterial
se la llama el “Asesino Silencioso” porque no presenta ningún síntoma y
puede causar enfermedades serias si no se la detecta a tiempo y se la
controla apropiadamente. Aunque muchas personas no presentan síntomas, si
la presión arterial sube demasiado, en algunos casos se la puede detectar
en pacientes que sufren dolores de cabeza, sangrado de nariz (epistaxis),
mareos o cansancio extremo.
La única manera de detectar la
hipertensión en forma temprana o precoz para poder prevenir las serias
complicaciones es el chequeo regular de la presión arterial. Un médico,
enfermero, o cualquier profesional de la salud puede medirle su presión
arterial. Sin embargo, solo un médico puede diagnosticar la hipertensión,
si se constatan varios registros de presión arterial elevada en días
diferentes. El médico realizará la historia clínica, examen físico y otros
estudios complementarios (laboratorio, electrocardiograma, etc.) para
determinar si la enfermedad ha causado daño en los diferentes órganos
mencionados. Después recomendará un tratamiento.
En mayo del 2003 se presentó en el
Congreso Americano de Hipertensión Arterial una nueva guía para el
diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, con el objetivo de
actualizar los conocimientos en base a nuevos estudios publicados en las
diferentes revistas científicas y simplificar la clasificación previa en
categorías de la presión o tensión arterial (TA) y brindar una nueva guía
sobre el manejo de la hipertensión arterial (HTA) o presión arterial
elevada. Se la ha denominado 7mo. Reporte de la Junta del Comité Nacional
de Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Presión Arterial
Elevada (7th Report of the Joint National Committee on Prevention,
Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Pressure - VII JNC).
Este consenso fue publicado en la revista JAMA del 21 de mayo de 2003, y
viene a reemplazar el 6to. reporte publicado en el año 1997.
Según los nuevos datos, el 90% de la
población normotensa, a los 55 años de edad desarrollan la enfermedad.
Esta enfermedad se asocia con un
incremento del riesgo cardiovascular de tipo continuo, consistente e
independiente. Este riesgo se duplica cada 20 mmHg de incremento de la
tensión arterial sistólica (TAS) desde los 115 mmHg, y cada 10 mmHg de
incremento de la tensión arterial diastólica (TAD) desde los 75 mmHg.
Por lo que la nueva clasificación de
hipertensión arterial es la siguiente:
1- Presión arterial normal es aquella
menor de 120 mmHg de presión arterial sistólica y menor de 80 mmHg de
presión arterial diastólica.
2- Pre-hipertensión: aquellos pacientes
que presentan presión arterial sistólica entre 120 y 139 mmHg, ó presión
arterial diastólica entre 80 a 89 mmHg.
3- Hipertensión arterial estadio 1:
aquellos pacientes que presentan presión arterial sistólica entre 140 y
159 mmHg, ó presión arterial diastólica entre 90 a 99 mmHg.
4- Hipertensión arterial estadio 2:
aquellos pacientes que presentan presión arterial sistólica mayor o igual
a 160 mmHg, ó presión arterial diastólica mayor o igual a 100 mmHg.
Cabe aclarar que en niños y mujeres
embarazadas sanas, las cifras suelen ser más bajas, de modo que lecturas
superiores a 120/80 pueden considerarse anormales.
Los grandes estudios de los últimos años
han fundamentado que la reducción de la presión arterial se asocia con una
disminución de entre el 35% y el 50% del riesgo de presentar accidente
cerebrovascular (hemiplejías o hemorragias cerebrales); entre el 20% y el
25% de presentar infarto agudo del miocardio; y del 50% de presentar
insuficiencia cardiaca. En base a estos datos, si en un paciente
hipertenso se logra una reducción sostenida de la presión arterial de 12
mmHg, previene a los 10 años una muerte de cada 11.
En todo paciente el médico debe
identificar y tratar por todos los medios disponibles los factores de
riesgo cardiovasculares como la edad mayor de 55 años en los hombres y
mayor de 65 años en las mujeres, historia de muerte súbita en familiares
varones menores de 55 años o mujeres menores de 65 años, el tabaquismo, la
obesidad, el consumo de alcohol, el sedentarismo o la inactividad física,
la dislipidemia o colesterol elevado en sangre, y otras enfermedades como
la diabetes mellitus, problemas renales, etc. Luego debe determinar la
presencia del daño de "órgano blanco" que son los órganos del paciente que
se van alterando lenta pero continuamente y son: en los ojos produce daño
de la retina; en el corazón produce crecimiento muscular o hipertrofia
ventricular izquierda, angina de pecho o dolor precordial, infarto agudo
de miocardio, o insuficiencia cardiaca; en el cerebro puede producir
accidente cerebrovascular; en los riñones puede producir nefropatía
crónica que puede desencadenar insuficiencia renal crónica y llevar al
paciente a hemodiálisis (riñón artificial); y arteriopatía periférica que
es disminución del calibre de las arterias de los miembros inferiores que
producen dolores y predisposición a presentar infecciones de difícil
tratamiento.
El tercer paso es identificar causas
secundarias como apnea del sueño, inducida por drogas, nefropatía crónica,
enfermedad renovascular, hiperaldosteronismo primario, síndrome de Cushing,
feocromocitoma, coartación de aorta, enfermedad tiroidea o paratiroidea,
etc. Si se solucionan estas causas la hipertensión arterial se cura, pero
lamentablemente el 90-95% de los pacientes presentan hipertensión arterial
primaria o idiopática, en la cuál no se puede determinar la causa ya que
no es consecuencia de otra enfermedad y presentan un componente genético
importante.
Desafortunadamente la hipertensión no
tiene cura, pero puede controlarse apropiadamente. El control de la
hipertensión significa un compromiso de por vida de cambiar su dieta y su
estilo de vida. Visitas de seguimiento con su médico son esenciales para
asegurarse de que la presión arterial esté bajo control y que no esté
causando problemas graves. Las medicaciones pueden ser necesarias para
ayudar a bajar la presión a niveles normales, pero la enfermedad debe
atacarse por todos los frentes y todos los puntos son igualmente
importantes.
Los objetivos del tratamiento deben ser
lograr una presión arterial menor de 140/90 mmHg y menor de 130/80 mmHg en
pacientes con diabetes mellitus o con insuficiencia renal crónica.
Se debe realizar el mayor esfuerzo posible
en las recomendaciones para modificar el estilo de vida hacia uno más
saludable:
1- Reducción de peso: mantener un
índice
de masa corporal entre 18,5 y 24,9. Este índice resulta del cociente del
peso en kilogramos y la talla en centímetros al cuadrado. Se atribuye una
reducción de la presión arterial sistólica de 5 a 20 mm Hg por cada 10 kg
de reducción de peso.(Calcule su índice de masa corpòral
aquí).
2- Dieta DASH (Dietary Approches to Stop
Hypertension): adoptar una dieta rica en frutas y vegetales, y consumir
alimentos con bajo contenido graso. Con esto se logrará una reducción de 8
a 14 mmHg de la tensión arterial sistólica.
3- Restricción de sodio (menos de 100 mEq/l
o 2,4 g de sodio, o 6 g de cloruro de sodio o sal de mesa) que se asocia
con una reducción de 2 a 8 mmHg de la tensión arterial sistólica. Cocinar
con poca sal también puede tener buen sabor. Los sustitutos de la sal y
algunas especias pueden ayudar a mejorar el sabor de las comidas.
4- Moderar el consumo de alcohol: no
ingerir más de 2 tragos por día o 30 ml de etanol (300 ml de vino, 500 ml
de cerveza, o 60 ml de whisky). En mujeres o personas delgadas la ingesta
debe ser la mitad de lo mencionado. Esta medida reducirá la presión entre
2 y 4 mmHg.
5- Actividad física aeróbica (caminatas,
ciclismo, natación) que si se realiza en forma regular por lo menos 30
minutos 4 veces por semana se puede lograr una reducción de 4 a 9 mmHg de
la tensión arterial sistólica. La actividad física ayuda a bajar de peso,
quema grasas, disminuye el nivel de colesterol, mejora la circulación y
disminuye el nivel de stress. Levantar pesas no es un ejercicio aeróbico y
junto con el físico culturismo pueden aumentar la presión arterial.
6- Tratamiento farmacológico: es el último
paso, solo se llega si con las modificaciones del estilo de vida no se
puede controlar la presión arterial y debe ser estrechamente controlada
por el médico tratante. Las medicaciones para la hipertensión se toman
generalmente por largos períodos de tiempo y algunas veces de por vida.
Visitas regulares al médico son esenciales para determinar la efectividad
de las mismas.
La hipertensión arterial es una enfermedad
que puede causar complicaciones serias y posiblemente fatales. Sin
embargo, con detección temprana y con un control agresivo, millones de
personas viven vidas más largas y sanas. La ayuda y la persistencia de los
pacientes en el tratamiento son esenciales para controlar la hipertensión.
Con la ayuda de su médico, usted puede aumentar las posibilidades de tener
una vida larga y saludable.
Dr. Guillermo Firman
ABR-2004

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